Por: Ricardo Hernández.-

El día de ayer por la tarde me volví a reunir con el señor Francisco Pérez, autor del libro “Los pasos de un peregrino”. Don Francisco acaba de llegar a la ciudad luego de hacer un viaje por los Estados Unidos “Más tarde salgo en avión para Monterrey y de ahí para Victoria; nos vemos mañana, Richard”, fueron las palabras que escuché por celular hace unos días. Posteriormente me volví a reunir con don Francisco en el café, en el restaurante del hotel donde nos estuvimos frecuentando por espacio de ocho meses. Nuestra conversación se centró en la organización y logística para la presentación de su libro, aunque el señor hizo una breve reflexión “No cualquiera se anima a contar su historia, ¿verdad Richard?”.

Respondí: “Mejor dicho, no cualquiera se atreve a ayudar a los demás contando su historia”.  

En un principio le sugerí a don Francisco Pérez que si se animaba a compartir su historia autobiográfica que ésta tuviera un propósito sano, que motivara y que a su vez le pudiera ayudar a otras personas a superar sus miedos.

En el café don Francisco estaba contento, se me ocurre decir: “satisfecho”. Mi objetivo es ese, motivar a las personas, porque por medio de esas acciones podemos encontrar una respuesta a nuestras angustias, a superar problemas, sobre todo a encontrarnos a nosotros mismos.

Con respecto a la historia:

don Francisco dedica un capítulo para hablar de su padre, es un reconocimiento y admiración por un hombre creativo y emprendedor, pues como él mismo nos cuenta: “Mi padre, hombre con mucha visión, canjeaba sus huaraches y zapatos a cambio de cerdos, chivas y gallinas. Así es como poco a poco va formando su capital, y hay que agregar que se tenía mucha fe, pues animal que criaba animal que se le reproducía.” Y más adelante agrega: “También era un hombre muy renegado, pero de gran corazón que solía decir: “Yo doy una tortilla y son bendiciones que caen del cielo”.

Como era de esperarse, el señor Francisco dedica un espacio importante para hablar de su madre: “Ella tenía que acarrear leña y agua de una distancia considerable, ordeñaba vacas, llevaba el lonche a la parcela y en ocasiones se ponía a sembrar o a cortar maíz sin importar si estaba embrazada o no. La recuerdo muy bien que después de comer cogía un pedazo de masa, le ponía piloncillo y cuajada, y ya una vez revuelta la metía al horno donde se hacía la torta. Ahí la dejaba para que por la tarde ya hubiera un sabroso pan de horno.

Pero ahí no termina toda la historia, en tiempos de pitayas cogía una cubeta, agarraba la brevera la cual era una pértiga de carrizo con horquetas que aún se utiliza para cortar pitayas, ya una vez en la casa las colgaba en un horcón de la enramada y ahí pasaban la noche serenándose. Por la mañana comíamos unas deliciosas pitayas frescas que aún las paladeo.”

Acerca del autor

Francisco Javier Pérez Flores nació el 9 de mayo de 1944 en el ejido Nueva Unión, municipio de San Carlos, Tamaulipas, México. Ocupa el lugar número catorce de una familia conformada por seis mujeres y ocho hombres. Realizó sus estudios de nivel medio superior en la Academia Comercial “Ignacio Manuel Altamirano”, en ciudad Victoria, Tamaulipas. Trabajó en Teléfonos de México durante un período de treinta y cinco años durante los cuales supo aprovechar el tiempo profesionalmente, lo que le permitió recorrer casi toda la república mexicana, asimismo tuvo la oportunidad de conocer nueve países europeos y tres principados. 

Lunes 11 de noviembre presentación de su libro. Sindicato de telefonistas, 20 y 21 Coahuila. 5 pm. ¡Están cordialmente invitados!

Relaciones Públicas: Telcel 834-274-37-00.

Escribe tu historia autobiográfica.

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